Capitulo 1: Supervivencia
16
Decía el papel que mi habitación era 16. Espero que la habitación sea individual. Creo que había rogado antes de venir por eso.
Estoy muy nerviosa, si es compartida ¿con quién me tocará? ¿el se daría cuenta de lo que me falta y lo que me sobra?
Empecé a temblar cuando entré a la habitación. No había nadie. El alivio que recibí era tan relajador. Controlé si aún tenía el gorro que contenía mí cabello-tan solo por las dudas-. Lo hice lentamente y con un pequeño escalofrío me di cuenta que lo tenía. Por suerte tenía una peluca de cabello corto y castaño- igual que el mío- por si se me salía el gorro. No me arriesgará a sacarme la ropa, como en las series que de repente un chico aparece en la puerta mientras una chica se cambia. No quería correr ese gran riesgo. Me senté en la cama al lado de la pared y empecé a juguetear con el cierre de la mochila.
Empezaba a arrepentirme pero era hora de poner en práctica todo lo que me había enseñado Mario. Nunca meterme en una pelea, nunca meterme a la piscina, ser lo más invisible posible y nunca pero nunca ser higiénica. Por suerte lo de la piscina tenia arreglo ya que tengo una nota que me hizo Mario para faltar a esas clases.
Alguien abrió la puerta y mi corazón empezó a latir con muchísima fuerza. De repente sentí un gran temor para mirarle hasta que este vino y me tocó la espalda.
-¿Hola?-burló. Empezó a darme puños amistosos en la cabeza- ¿hay alguien allí?
Me di vuelta para verle. Era hermoso, parecía un ángel de tanta perfección. Cabello negro, unas pequeñas pecas debajo de los ojos más o menos donde empiezan las mejillas. Sus labios eran carnosos y realmente perfectos y sus ojos… Verdes con un toque de celeste a su alrededor. Estaba derretida. Era hermoso y es más… Parecía amistoso.
-Hola-dije tratando de hacer un poco más grave mi voz.
-¿Cómo te llamas?-dijo dándome la espalda mientras acomodaba su bolso- Yo Lucas Sterben.
Tragué saliva.
-Matt Arbet.-dije temblando. No lograba acostumbrarme a ese nombre, era tan desconocido para mi…
-¿Eres nuevo?
-Si-dije rápidamente. Sentía como empezaba a sudar de los nervios. Mis labios temblaban.
-Novato... ¿eh? Bueno te doy un consejo que solo repetiré una vez.-me miró para saber si lo atendía. Yo asentí levemente- No te acerques a Anthony.
-Anthony… ¿Qué?
Rio despacio y cruzó los brazos en su pecho. Luego levantó una ceja me miró de pies a cabeza.
-Es el único Anthony, ya te darás cuenta cuando lo veas.-examinó mi bolso gigantesco y luego volvió a reírse. Pero esta vez forzosamente- ¿NO has desempacado, aún?
No quería desempacar en frente del… ¿Si veía mis sostenes? O tal vez notaba mi actitud de ordenar tranquilamente. ¿Qué podía responder a esa pregunta? Rayos… Debí asegurarme de poner todas mis cosas a tiempo. Justo cuando él no estaba.
Respiré hondo y dije:
-Es que todavía no quiero guardar las cosas. Estoy bastante cansad…o.- me costó bastante decir en género masculino…
-Okey… bueno me iré a ducharme, tengo que quedarme despierto toda la noche.
-¿Para qué…?
-Una apuesta-me interrumpió diciéndome como si fuera algo obvio.-¿Nunca has hecho una?-me burló.
Me dio la espalda y cerró la puerta del baño a su espalda. Dejándome sola. Completamente sola… Estaba arrepentida. Quería salir de aquél lugar tan frío.
Caminé casi corriendo para salir del cuarto y tomar aire fresco. Aún no podía creerlo. Yo, en una academia para hombres.
Vi caminar muchos de ellos, unos de diez y ocho, otros más pequeños. Hasta vi niños de doce años como yo. Pero eran bastante altos. Me creí un enano comparada con todos ellos. Sentía como sus miradas se clavaban en mi, seguro me dirían “Enano”.
Mi corazón latía rápidamente. Temía que me descubriesen, no se me notaba ¿verdad? ¡Claro que se me notaba! ¡Si estaba tensa y a punto de llorar!
Cuando al fin veía el celeste cielo y el verde pasto corrí hacia él. Miré a mi alrededor una cancha de football, otra de tennis y una piscina enorme con hermosos trampolines color blanco sucio.
Empecé temblar al notal la soledad. Aquí había mucha más soledad. No había ni un alma en aquél gran patio.
Caminé y caminé hasta que por fin encontré un lugar aleado de todo. Era perfecto. Me senté en la roca y luego empecé a llorar. Como una niña de cinco años extrañando a sus padres. Solo que yo no lloraba por eso, sino lloraba por la soledad que había, por la desesperación de volver al orfanato y del miedo que me descubriesen.
-¡¿Por qué rayos tengo que ser tan terca?!-dije entre susurros. Mi llanto aumentó tras esas palabras. Llevé mis manos a los ojos para que no cayeran las lágrimas en mi ropa.
Mario me lo había advertido en mis “clases” de cómo ser un chico. Y más de una vez. Pero yo no le escuché y ahora quiero salir de este horrible lugar para siempre.
-No puedo quedarme acá llorando y lamentándome por esto. Lo echo, echo está.
Eso digo ahora, pero esta no será la última vez que llore. Pensé.
Levanté la cabeza y me sequé mis lágrimas. Miré a mí alrededor y noté a un muchacho a mi lado mirándome con cara rara. Como si yo fuera un bicho raro.
-Mario-Casi grité.
Me quité la peluca de un tirón y luego corrí a sus brazos. Rodee su cuello con mis brazos y empecé a llorar en su hombro. El me rodeo con sus brazos y trató de consolarme diciéndome “calma, calma”. El era muy maduro para su edad, se suponía que tenía que ser un adolecente problemático… típico de los trece años.
-Estoy arrepentida-le susurré- tenía miedo… Pensé que estaría sola.-mis lágrimas no se detenían. Empecé a llorar nuevamente.- ¡¿Por qué rayos me mentiste que no vendrías?!
Me dio palmaditas en la espalda para que parara de llorar. Pero mi felicidad era tanta de volverle a ver que no pude contener las lágrimas.
-Quería que fuese sorpresa… ¿Quién te tocó como compañero de cuarto?-sonó más frío cuando preguntó eso.
-Lucas… Uh ya ni me sé el apellido.
-¿Hablabas de Lucas Sterben?
Me apartó cariñosamente para verme a la cara, yo no quería que me viera… Estaba llena de lágrimas y mi cara estaría espantosa seguramente. Miré al piso y me alejé de él. Me puse la peluca y luego me aseguré de que no se notara mi verdadera cabellera.
-Exacto… ¿Lo conoces?
Apretó los labios.
-No te acerques a él. Te lo digo porque te quiero… El te arrastrará a una de sus llocuras o apuestas y terminarás en problemas. No es el brabucón del lugar pero es bastante molesto con ese tema.
Asentí levemente. Mario se dio vuelta al escuchar gritos por detrás. Me puse a su lado a una distancia respetable para ver qué pasaba.
Me di cuenta de que unos chicos habían aparecido jugando a un partido de football. Uno empezó a mover dos rocas que ponían el arco para su equipo y luego le ordenó a los del equipo adversario que hicieran lo mismo.
Finalmente empezaron a jugar. El más grande y obeso pateo la pelota del inicio, tres del equipo contario persiguieron la pelota y dos del equipo rojo persiguieron a los tres del equipo azul.
El jugador del equipo rojo-el más delgado- con un ligero y rápido movimiento pateó la pelota a gran distancia asía nosotros.
-¡CUIDADO!-gritó el árbitro.
Ya era tarde para moverse. Caí al piso de espalda toda dolorida por el pelotazo en el estómago. Se me revolvía todo y sentía que expulsaría el desayuno. La cabeza me daba vueltas. Que dolor más horrible. Estaba a punto de llorar al menos un poco pero tenía que ser fuerte.
El flacucho del partido corrió a mí al ver si seguía viva. Aunque yo lo dudaba al ver que nadie me ayudaba a levantarme. Mario se agacho detrás de mí y con sus manos empujó mi espalda hasta que quedé sentada. Luego me dijo al oído.
Insúltale. Fue lo único que me dijo.
El flacucho me miró sin importancia y luego se dio la vuelta. Tenía que obedecer a Mario.
-Hey. ¡Ten más cuidado la próxima vez debilucho!-le grité cuando me paré.
El otro se volteó y luego se acercó a mi furioso. Tragué saliva. Mario lo detuvo poniendo su mano en su hombro y luego le dijo.
-¿No tienes un partido que jugar?-dijo amistosamente mostrándole una sonrisa.
Suspiré al darme cuenta que se dio vuelta para volver con los jugadores de football. Me había salvado luego de darme un pésimo consejo. Creo que ya estábamos a mano.
Pasamos el resto del sábado hablando y riendo. Mario me enseñó a como no hacerme notar aunque si algo me pasaba el estaría para mí.
Yo quería mucho a Mario, es como un hermano mayor para mí… Uno que no molestaba, y hacia bromas divertidas. Espero que siempre seamos amigos.
Al terminar el día me fui a la habitación, la cual compartía con Lucas. Este no se encontraba por la habitación. Bueno era mejor si no estaba.
Caminé a al baño para relajarme con una ducha tibia… Y al fin sacarme está molesta peluca.
Cerré la puerta a mi espalda de un portazo y luego puse la peluca arriba del lavamanos. Luego encendí la ducha, finalmente de quitarme mis prendas me metí bajo la lluvia de una. Estaba muy fría. Se me puso la piel de gallina y rápidamente agregue mas caliente.
Cerré los ojos y luego pensé en Mario… si él decía que conocía a Lucas ¿será verdad lo que me contó del? A mí me pareció muy simpático y atractivo también. Pero Mario no me mentiría, es mas no sabía porque estaba dudando de él en estos momentos, tenía que creer en el después de todo, lo conocía desde hace tiempo.
Lo conozco desde que tenía cuatro años… nos conocimos cuando el vino una vez al orfanato ya que sus padres eran dueños de aquel. Recuerdo que él me miro y me ofreció jugar con él en el patio. Recuerdo que jugamos a las escondidas. Nos habíamos divertido mucho. Luego del jardín siempre venia al orfanato para pasar la tarde y siempre nos divertíamos… pasaron los años y nos volvimos mejores amigos.
En un momento perdí la nostalgia del tiempo y me quedé allí un largo tiempo pensando sin nada más. Esto era tan relajante, me abría la mente… De repente empezó a salir agua fría y me aparté de inmediato ¿me abría acabado el agua caliente? Apagué la ducha y tomé la toalla y luego me envolví en ella. Era muy ceca, por decirlo así, pero era tan cálida.
Me di cuenta en ese segundo que había dejado mi otra ropa limpia todavía en mi bolso. No tuve de otra que ponerme la ropa usada hasta arreglar mis cosas.
Estas historias son propiedad de "Historias de la Noche" Así que espero que respeten mi trabajo y que no alla accidentes con el plagio... Muchísimas gracias y disfruten mis historias ^^ Atte Soe, Victoria y Elizabeth






